SI LA VES
Si la ves pasar
Anhelante pregúntale
Por qué se fue
Por qué me dejó sin fe.
Si ves una hermosa
Mujer, cuyos ojos
Miran sin ver
Es ella. Fue mi querer.
Sin ella no puedo
Vivir, ni reír,
Solo quiero morir
Me acariciaba
Y consolaba,
Y de mis desvaríos
Me calmaba
¿Que pasó con
Mi dama adorada,
Por qué se fue
Dejándome en la nada?
¡Si la ves pasar
Suspirando y mirando
Sin ver, dile que la extraño,
Dile que es mi todo y mi querer!
LILIANA FERNÁNDEZ BLANCO
SONETO A VIOLETA PARRA
A Silvia Davison
El destino de tu canto
Tuvo el don de la utopía
Que alumbró al mundo
Con singular maestría
El sueño de tu tiempo
Le dio vuela a tu guitarra
En la danza nocturna
De las estrellas copleras
Pero fue la transparencia
Y la firmeza extraordinaria
De tu causa solidaria
Que en el curso de la historia
Dejó grabada tu memoria
De alondra libertaria
DAVID ANTONIO SORBILLE
,
,
lunes, 7 de julio de 2008
lunes, 30 de junio de 2008
NADIE ME DIJO---SOY SU PRISIONERA
NADIE ME DIJO
Desmido las páginas del libro
Propongo que el río
Desande su cauce peregrino.
Río arriba,
Utópico destino.
Nadie me dijo que el olvido
Era una cruz de sal,
Un tránsito prohibido.
Que el poeta sucumbe
Cuando inicia el camino.
Labré con él
El lauro desmedido
Y el oculto clamor
En algún libro,
Mucho después
Del tiempo en que ha vivido
Nadie me dijo.
De haber sabido…
Casi me vuelvo
Y en la amniótica sustancia
Me repliego.
Nadie me dijo:
Que el sol no se desliza
En vano, y el andar
De las horas, es sólo juego.
NORBERTO PANNONE
SOY SU PRISIONERA
La soledad mordiendo,
Se me acuesta, a mi lado,
Y atraviesa mis carnes,
Con sus dientes de acero.
Se ha metido en mi sangre,
Se adueño de mi credo,
Y me envolvió en sus brazos,
Me hizo su prisionera.
Cuando a veces, atisbo,
En mi cárcel de espanto,
Una pequeña luz, que penetra…
Llamando, que sacude mi mente,
Y se engaña, mi alma,
Porque todo, es delirio,
Es la fiebre que abraza,
Es un grito e la nada.
Y me duermo en sus brazos,
Alma y cuerpo están yertos,
Solo mi pensamiento,
Descarnado sufriente,
Desesperado intenta
Penetrar otras mentes.
CARMEN BOVE
Desmido las páginas del libro
Propongo que el río
Desande su cauce peregrino.
Río arriba,
Utópico destino.
Nadie me dijo que el olvido
Era una cruz de sal,
Un tránsito prohibido.
Que el poeta sucumbe
Cuando inicia el camino.
Labré con él
El lauro desmedido
Y el oculto clamor
En algún libro,
Mucho después
Del tiempo en que ha vivido
Nadie me dijo.
De haber sabido…
Casi me vuelvo
Y en la amniótica sustancia
Me repliego.
Nadie me dijo:
Que el sol no se desliza
En vano, y el andar
De las horas, es sólo juego.
NORBERTO PANNONE
SOY SU PRISIONERA
La soledad mordiendo,
Se me acuesta, a mi lado,
Y atraviesa mis carnes,
Con sus dientes de acero.
Se ha metido en mi sangre,
Se adueño de mi credo,
Y me envolvió en sus brazos,
Me hizo su prisionera.
Cuando a veces, atisbo,
En mi cárcel de espanto,
Una pequeña luz, que penetra…
Llamando, que sacude mi mente,
Y se engaña, mi alma,
Porque todo, es delirio,
Es la fiebre que abraza,
Es un grito e la nada.
Y me duermo en sus brazos,
Alma y cuerpo están yertos,
Solo mi pensamiento,
Descarnado sufriente,
Desesperado intenta
Penetrar otras mentes.
CARMEN BOVE
MANTRA UNO---SOLEDAD
MANTRA UNO
Soñando despierto camino sin pasos,
Envuelto con calles, rutas y autopistas.
Salto sin canciones, bailo en mis silencios,
Repito mensajes libres de premisas.
Conceptos comunes me unen a otros,
Tentados por dudas de sabores y tronos.
Grandes ilusiones minimizan mi existencia,
Coloreo esperanzas diluyendo abandonos.
Meditación reforzada de nada y mudez,
Pensamientos de vapores perturban la fluidez.
Intrusiones permitidas dejan de golpear,
La presión inhalada comienza a capitular.
Sonrisas faciales se ven desde atrás
Resplandores irradiantes se escuchan circular.
CLAUDIO IEDWAB
SOLEDAD
Gira rueda del destino
Y en cada vuelta…jirones
De nuestras vidas, crespones
En la aridez del camino.
Vasto combate cervantino,
¿habremos luchado en vano?
¿Conseguiremos, hermano
Trepar la cuesta en mi trino?
¿ Dónde partieron, de pronto,
Aquellos viejos amigos?
Ocaso en la tarde gris,
Quietud hurgando la fronda
Del viejo roble vecino.
Estoy aquí, en mi atalaya.
Se ha de cumplir el destino
El tuyo, amigo, y el mío.
ENRIQUE MARZUOLI
Soñando despierto camino sin pasos,
Envuelto con calles, rutas y autopistas.
Salto sin canciones, bailo en mis silencios,
Repito mensajes libres de premisas.
Conceptos comunes me unen a otros,
Tentados por dudas de sabores y tronos.
Grandes ilusiones minimizan mi existencia,
Coloreo esperanzas diluyendo abandonos.
Meditación reforzada de nada y mudez,
Pensamientos de vapores perturban la fluidez.
Intrusiones permitidas dejan de golpear,
La presión inhalada comienza a capitular.
Sonrisas faciales se ven desde atrás
Resplandores irradiantes se escuchan circular.
CLAUDIO IEDWAB
SOLEDAD
Gira rueda del destino
Y en cada vuelta…jirones
De nuestras vidas, crespones
En la aridez del camino.
Vasto combate cervantino,
¿habremos luchado en vano?
¿Conseguiremos, hermano
Trepar la cuesta en mi trino?
¿ Dónde partieron, de pronto,
Aquellos viejos amigos?
Ocaso en la tarde gris,
Quietud hurgando la fronda
Del viejo roble vecino.
Estoy aquí, en mi atalaya.
Se ha de cumplir el destino
El tuyo, amigo, y el mío.
ENRIQUE MARZUOLI
COMO EL ÁRBOL----LAS PEQUEÑAS COSAS
COMO EL ÁRBOL
En sus ansias de hondura
Se hizo raíz su vida.
Perdió el canto alegre
Y el júbilo del vuelo.
Pero ahondando y ahondando
Absorbió en lo profundo
A la savia más pura.
A su ascendente ritmo
Fue subiendo el espíritu
Con las cosas más bellas.
Y afloró al aire libre
Siendo árbol crecido,
Florecido en estrellas
Multiplicó sus ramas
Recobró trinos y alas
Y el júbilo del vuelo.
STELLA TEJERINA
LAS COSAS PEQUEÑAS
Las cosas pequeñas
Las mínimas cosas,
Ésas que no brillan
Y que siempre estorban
Pero tan unidas
Están a nosotros.
Si las olvidamos
Nos desesperamos
Morimos por ellas.
Manojo de llaves,
Pañuelito blanco
Siempre perfumado,
Esa novelita
Que abrimos al paso,
La lima de uñas,
El peine chiquito
Y algún caramelo
Que al cine llevamos…
Son cosas pequeñas
Que casi ignoramos
Como esas palabras
Breves, tan cortitas
Que hacen a la vida
Y en un renglón caben:
Amor, Pan, y Casa.
MARÍA VARELA
En sus ansias de hondura
Se hizo raíz su vida.
Perdió el canto alegre
Y el júbilo del vuelo.
Pero ahondando y ahondando
Absorbió en lo profundo
A la savia más pura.
A su ascendente ritmo
Fue subiendo el espíritu
Con las cosas más bellas.
Y afloró al aire libre
Siendo árbol crecido,
Florecido en estrellas
Multiplicó sus ramas
Recobró trinos y alas
Y el júbilo del vuelo.
STELLA TEJERINA
LAS COSAS PEQUEÑAS
Las cosas pequeñas
Las mínimas cosas,
Ésas que no brillan
Y que siempre estorban
Pero tan unidas
Están a nosotros.
Si las olvidamos
Nos desesperamos
Morimos por ellas.
Manojo de llaves,
Pañuelito blanco
Siempre perfumado,
Esa novelita
Que abrimos al paso,
La lima de uñas,
El peine chiquito
Y algún caramelo
Que al cine llevamos…
Son cosas pequeñas
Que casi ignoramos
Como esas palabras
Breves, tan cortitas
Que hacen a la vida
Y en un renglón caben:
Amor, Pan, y Casa.
MARÍA VARELA
ASÍ TE ENCUENTRO---AL POETA HORACIO FERRER
ASÍ TE ENCUENTRO
Hundo la cabeza en la fría almohada del tiempo,
Atardece y no sé dónde estoy
Perceptibles de indultos
Las calles avanzan de recuerdos.
El miedo, en su sabor me anestesia
En un timbal de sonidos busco la voz extraviada
El gris de una pared, me afecta.
Así te encuentro
Un invierno sin alas, me roza el cuello
Como la mano del hombre
En la rama de un árbol.
Con la mitad del alma sobre la tierra
Me incorporo en un reino.
Así te encuentro y nada es igual:
Tu risa es mi llanto, no rías.
SOFÍA KREIMIS
AL POETA HORACIO FERRER
Lápices que se desintegran.
Biromes que estallan.
Máquinas de escribir herrumbradas.
Computadoras paralizadas.
Tus dedos poseídos por criaturas alquímicas
Y palomas engendradas por Picasso y Dalí
Recorren el papel.
Horacio universal, rapsoda nacional
Te envidia todo el jazz, porque elegiste el tango
Que es la música del mundo.
Te convocan los planetas para que seas su poeta.
Pero no te tientan ni ofreciéndote la luna
Ni ser dueño de un boliche en las estrellas
Perfumado por añejas botellas con pernod
Tu única y legítima dueña es esta Ciudad,
Del Plata Reina
¡infinito poeta, Horacio Ferrer!
EUGENIA ZALDÍVAR .
Hundo la cabeza en la fría almohada del tiempo,
Atardece y no sé dónde estoy
Perceptibles de indultos
Las calles avanzan de recuerdos.
El miedo, en su sabor me anestesia
En un timbal de sonidos busco la voz extraviada
El gris de una pared, me afecta.
Así te encuentro
Un invierno sin alas, me roza el cuello
Como la mano del hombre
En la rama de un árbol.
Con la mitad del alma sobre la tierra
Me incorporo en un reino.
Así te encuentro y nada es igual:
Tu risa es mi llanto, no rías.
SOFÍA KREIMIS
AL POETA HORACIO FERRER
Lápices que se desintegran.
Biromes que estallan.
Máquinas de escribir herrumbradas.
Computadoras paralizadas.
Tus dedos poseídos por criaturas alquímicas
Y palomas engendradas por Picasso y Dalí
Recorren el papel.
Horacio universal, rapsoda nacional
Te envidia todo el jazz, porque elegiste el tango
Que es la música del mundo.
Te convocan los planetas para que seas su poeta.
Pero no te tientan ni ofreciéndote la luna
Ni ser dueño de un boliche en las estrellas
Perfumado por añejas botellas con pernod
Tu única y legítima dueña es esta Ciudad,
Del Plata Reina
¡infinito poeta, Horacio Ferrer!
EUGENIA ZALDÍVAR .
ALFONSINA STORNI
ALFONSINA STORNI (1892-1938)
No seremos nosotros quienes insistamos sobre aspectos bien conocidos de su temática, entre otros, su evidente rescoldo contra el varón. Baste recordar “Saludos al hombre” del libro “Ocre”.
También es muy celebrada su poesía amatoria, la cual es nota original, quizá única, entre la poesía erótica femenina. ¿Quién no recuerda los versos de “Tú me quieres blanca”, o algunos dísticos de “Nocturno”?
No obstante ser estos aspectos tan personales de su obra, preferimos subrayar otras facetas menos difundidas. Nos referimos a las poesías que denominamos doctrinales. Ese interrogatorio ante las limitaciones y enigmas que acucian al hombre desde fondo de los tiempos. Intensa ha sido la requisitoria de A.S. frente a los más variados aspectos de la realidad. Realidad a la que intentó traspasar y sobre la que quiso volar con alas que aunque colosales- se nos ocurre opinar- tenían todavía demasiado lastre humano.
El esfuerzo se evidenció también en el teatro, donde dio muestras de su versátil talento. Solo nos permitimos mencionar algunos títulos: “El amo del mundo”, “Polixena y la cocinerita” en las que trató- según autorizada crítica- de trasverter algunas de sus más inquietantes temáticas.
Cautiva su don poético, capaz de asombrarnos mediante catedrales de metáforas, o bien conmovernos con palabras sencillas y simples concatenaciones. Oigamos y “veamos” el notable ejemplo de “Cuadros y “Ángulos”(del libro “El dulce sueño”) que es una magnífica anticipación de lo mecánico que oprime al hombre contemporáneo. “Casa enfiladas, casa enfiladas,/ Casas enfiladas// Cuadrados, cuadrados, cuadrados// Casas enfiladas// Las gentes ya tienen el alma cuadrada,/ Ideas en fila// y ángulo en la espalda// Yo misma he vertido ayer una lágrima,/ Dios mío, cuadrada.”
A veces parece ebria de sensaciones, otras, moribunda de escepticismo, lúcida para captar lo profundo de las esencias.
¿No tenía fe? Es muy presuntuoso de nuestra parte calar tan hondo, pero el eco de la desesperanza resuena en no pocas poesías: “Dios está agazapado/ en horizonte violeta…pero a mí/ no ha de verme / se inclinará/ alzará un ave/ La sostendrá sobre/ el índice/ la gaviota en vuelo sesgado/ hendirá el cielo.”
No es tarea fácil iluminar la estructura psicológica de A. S. Ella misma está insatisfecha: Confiesa a manera de reproche: “No he dicho lo mejor que está en mi alma.” Pero hay dos notas que la acompañan constantemente: su sed de vida y de ternura. No obstante amar tanto la vida, la muerte fue sin duda otra compañera inseparable. Por eso pudo escribir en “Melancolía”: “Oh muerte, yo te amo; pero te adoro, vida”. En muchísimas poesías la muerte es una presencia inquietante, aunque natural; habla de la muerte y de su muerte desde “Epitafio a mi tumba” hasta la directa y testamentaria “Voy a dormir”. Como otros egregios poetas, tuvo el raro poder de intuir la cercanía de la muerte.
Alfonsina Storni y su obra son demasiado inefables para ser comprendidas sólo humanamente. Es preciso acercarse a la mujer con la visión de los santos y a la artista con la inocencia de los niños.
OLGA LEVY
No seremos nosotros quienes insistamos sobre aspectos bien conocidos de su temática, entre otros, su evidente rescoldo contra el varón. Baste recordar “Saludos al hombre” del libro “Ocre”.
También es muy celebrada su poesía amatoria, la cual es nota original, quizá única, entre la poesía erótica femenina. ¿Quién no recuerda los versos de “Tú me quieres blanca”, o algunos dísticos de “Nocturno”?
No obstante ser estos aspectos tan personales de su obra, preferimos subrayar otras facetas menos difundidas. Nos referimos a las poesías que denominamos doctrinales. Ese interrogatorio ante las limitaciones y enigmas que acucian al hombre desde fondo de los tiempos. Intensa ha sido la requisitoria de A.S. frente a los más variados aspectos de la realidad. Realidad a la que intentó traspasar y sobre la que quiso volar con alas que aunque colosales- se nos ocurre opinar- tenían todavía demasiado lastre humano.
El esfuerzo se evidenció también en el teatro, donde dio muestras de su versátil talento. Solo nos permitimos mencionar algunos títulos: “El amo del mundo”, “Polixena y la cocinerita” en las que trató- según autorizada crítica- de trasverter algunas de sus más inquietantes temáticas.
Cautiva su don poético, capaz de asombrarnos mediante catedrales de metáforas, o bien conmovernos con palabras sencillas y simples concatenaciones. Oigamos y “veamos” el notable ejemplo de “Cuadros y “Ángulos”(del libro “El dulce sueño”) que es una magnífica anticipación de lo mecánico que oprime al hombre contemporáneo. “Casa enfiladas, casa enfiladas,/ Casas enfiladas// Cuadrados, cuadrados, cuadrados// Casas enfiladas// Las gentes ya tienen el alma cuadrada,/ Ideas en fila// y ángulo en la espalda// Yo misma he vertido ayer una lágrima,/ Dios mío, cuadrada.”
A veces parece ebria de sensaciones, otras, moribunda de escepticismo, lúcida para captar lo profundo de las esencias.
¿No tenía fe? Es muy presuntuoso de nuestra parte calar tan hondo, pero el eco de la desesperanza resuena en no pocas poesías: “Dios está agazapado/ en horizonte violeta…pero a mí/ no ha de verme / se inclinará/ alzará un ave/ La sostendrá sobre/ el índice/ la gaviota en vuelo sesgado/ hendirá el cielo.”
No es tarea fácil iluminar la estructura psicológica de A. S. Ella misma está insatisfecha: Confiesa a manera de reproche: “No he dicho lo mejor que está en mi alma.” Pero hay dos notas que la acompañan constantemente: su sed de vida y de ternura. No obstante amar tanto la vida, la muerte fue sin duda otra compañera inseparable. Por eso pudo escribir en “Melancolía”: “Oh muerte, yo te amo; pero te adoro, vida”. En muchísimas poesías la muerte es una presencia inquietante, aunque natural; habla de la muerte y de su muerte desde “Epitafio a mi tumba” hasta la directa y testamentaria “Voy a dormir”. Como otros egregios poetas, tuvo el raro poder de intuir la cercanía de la muerte.
Alfonsina Storni y su obra son demasiado inefables para ser comprendidas sólo humanamente. Es preciso acercarse a la mujer con la visión de los santos y a la artista con la inocencia de los niños.
OLGA LEVY
lunes, 23 de junio de 2008
UN SOLO DÍA----ME AUTOCONVENCERÉ
UN SOLO DÍA
Yo vi pasar bajo mis ojos
La lentitud del tiempo y su arrebato,
Y vi crecer desde su hueco
Un incendio de luz en la alborada.
Quise callar el silbo de las horas
Cuando se siente del dolor,
Su ardor adentro
Porque tenía yo, para vivir de nuevo
El resplandor de días inocentes,
Con un remanso urgente en la sangre.
Después, creí tocar la piel del universo
Y sobre mis comienzos tuve miedo.
Entonces supe, que la noche abre,
Sus brazos de tinieblas y de silencios
Para incitar los signos de las sombras.
Cerré los ojos, como si quisiera,
Sorber la claridad de esa oscuridad entera,
Y comprendí que me quedaba
En el temblor deshabitado de mis lluvias,
La eternidad de un solo día.
VÍCTOR HUGO TISSERA
ME AUTOCONVENCERÉ
Me auto convenceré
Que debo y quiero estar sola
Aunque por dentro el corazón
Pida silencio
Que otra vez me vuelva a enamorar.
Me auto convenceré
Que la rutina al amor lo deteriora
Y que es muchísimo mejor estar solla
Que la tremenda soledad de dos.
Me auto convenceré
Cuando en las noches
Unos brazos no me abracen
Que hubo otras noches
Y una cama compartida
Con esa angustia de sentir
Que no va más.
Me auto convenceré
Que debo y quiero
Estar sola
Sin la terrible realidad
Del no va más.
ANGÉLICA MELFI
Yo vi pasar bajo mis ojos
La lentitud del tiempo y su arrebato,
Y vi crecer desde su hueco
Un incendio de luz en la alborada.
Quise callar el silbo de las horas
Cuando se siente del dolor,
Su ardor adentro
Porque tenía yo, para vivir de nuevo
El resplandor de días inocentes,
Con un remanso urgente en la sangre.
Después, creí tocar la piel del universo
Y sobre mis comienzos tuve miedo.
Entonces supe, que la noche abre,
Sus brazos de tinieblas y de silencios
Para incitar los signos de las sombras.
Cerré los ojos, como si quisiera,
Sorber la claridad de esa oscuridad entera,
Y comprendí que me quedaba
En el temblor deshabitado de mis lluvias,
La eternidad de un solo día.
VÍCTOR HUGO TISSERA
ME AUTOCONVENCERÉ
Me auto convenceré
Que debo y quiero estar sola
Aunque por dentro el corazón
Pida silencio
Que otra vez me vuelva a enamorar.
Me auto convenceré
Que la rutina al amor lo deteriora
Y que es muchísimo mejor estar solla
Que la tremenda soledad de dos.
Me auto convenceré
Cuando en las noches
Unos brazos no me abracen
Que hubo otras noches
Y una cama compartida
Con esa angustia de sentir
Que no va más.
Me auto convenceré
Que debo y quiero
Estar sola
Sin la terrible realidad
Del no va más.
ANGÉLICA MELFI
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