Son niños pero no sueñan.
Dicen que sólo alucinan
y que persiguen estrellas
en el charco de la esquina.
Pasan horas en sus vuelos
que llevan hacia el abismo.
La luna pasa de largo
por sus manitos vacías.
Quien despoja sus conciencias
va llenando su alcancía.
“Y mañana serán hombres”…
innombrable profecía.
Todos sabemos de ellos,
que en las sombras se cobijan.
La impotencia cierra el círculo
en donde el alma se asfixia.
(De “La que sueña en mí”)
bernardielisa@yahoo.com.ar
sábado, 24 de abril de 2010
María Cristina Dalbes
LO MEJOR DE LA VIDA…
-Lo mejor de la vida
lo hallarás siempre
en Dios…
Lo mejor de una espera
es encontrar su Sol
en el silencio
y el rosal…
(siempre es posible
reencontrar Su Voz…)
DIOS…
encendido en fresnos
y milagros
como llama inapagable
y precursora
sujeta a valederas
razones de
la Vida,
del Tiempo
y del Perdón…
… DE TODO LO QUE ESPERAS…
… de todo lo que esperas
ya no te queda nada,
ni el verde irrazonable
ni el muro en su ficción
con un fragor de tiempo
robado a todo riesgo
buscarás-todavía-
la herencia del dolor…
de todo lo que esperas
resumes los silencios,
allí-donde meditas-
como pared de sol
sujeto a un imposible
-como todas las cosas-
ocurre que tu hoguera
importe al corazón…
Rivadavia 731-1617-Gral. Pacheco-Prov. de Bs.As.
-Lo mejor de la vida
lo hallarás siempre
en Dios…
Lo mejor de una espera
es encontrar su Sol
en el silencio
y el rosal…
(siempre es posible
reencontrar Su Voz…)
DIOS…
encendido en fresnos
y milagros
como llama inapagable
y precursora
sujeta a valederas
razones de
la Vida,
del Tiempo
y del Perdón…
… DE TODO LO QUE ESPERAS…
… de todo lo que esperas
ya no te queda nada,
ni el verde irrazonable
ni el muro en su ficción
con un fragor de tiempo
robado a todo riesgo
buscarás-todavía-
la herencia del dolor…
de todo lo que esperas
resumes los silencios,
allí-donde meditas-
como pared de sol
sujeto a un imposible
-como todas las cosas-
ocurre que tu hoguera
importe al corazón…
Rivadavia 731-1617-Gral. Pacheco-Prov. de Bs.As.
Juegos de la mente---María Teresa Brugués
Se disponía a cruzar la calle, cuando lo vio, la sorpresa la paralizó.
Si, no había dudas, era Javier…su Javier pero… ¡viejo! Encorvado, caminando con paso vacilante, con la ayuda de un bastón.
Con lentes, todo el cabello blanco y ralo, delgado, muy delgado.
Quiso acercarse pero no pudo, quería preguntarle ¿qué te pasó?
Comparó su edad con la de él. Apenas le llevaba cuatro años. Y ella había cumplido cincuenta.
Por su mente pasaron años de amor fogoso y apasionado. Sólo hacia un mes que habían concurrido a la Velada de Gala del Colon.El de riguroso smokin, ella hermosa en su vestido azul noche.
¡Cuanto amor entre ellos! ¡Que momentos maravillosos habían vivido!
Suspiró… la mirada perdida. Comenzó a llover. Y bruscamente volvió a la realidad.
Cruzó la calle y presurosa llegó a la casa. Puerta de madera maciza. Tocó el timbre. Al abrir, una voz dulce pero firme la recibió con un reto: ¿Dónde estabas Mercedes ‘? Por el amor de Dios, que susto nos has dado. La Madre Superiora está muy enfadada y te espera una reprimenda. Ya no podrás salir sola, siempre te acompañará alguna de las novicias.
Si te hubiera pasado algo, menudo disgusto le habrías dado a quienes hace cinco años te trajeron a este Hogar.
Anda mira, esta mojada, ¿y el bastón?
Lo perdí, fue cuando lo ví a Javier a mi Javier, de la sorpresa se me cayó y no lo pude levantar. ¡Está tan viejo!, pobre.
Claro – contestó la Hermana- por que tú estas hecha una piba.
Vamos Mercedes, tienes que arreglarte hoy cumples 85 años y abra torta y emparedados.
Despacito tomó la mano de la Hermana y se encaminó a su cuarto.
María Teresa Brugués
yayamaestra@hotmail.com
Si, no había dudas, era Javier…su Javier pero… ¡viejo! Encorvado, caminando con paso vacilante, con la ayuda de un bastón.
Con lentes, todo el cabello blanco y ralo, delgado, muy delgado.
Quiso acercarse pero no pudo, quería preguntarle ¿qué te pasó?
Comparó su edad con la de él. Apenas le llevaba cuatro años. Y ella había cumplido cincuenta.
Por su mente pasaron años de amor fogoso y apasionado. Sólo hacia un mes que habían concurrido a la Velada de Gala del Colon.El de riguroso smokin, ella hermosa en su vestido azul noche.
¡Cuanto amor entre ellos! ¡Que momentos maravillosos habían vivido!
Suspiró… la mirada perdida. Comenzó a llover. Y bruscamente volvió a la realidad.
Cruzó la calle y presurosa llegó a la casa. Puerta de madera maciza. Tocó el timbre. Al abrir, una voz dulce pero firme la recibió con un reto: ¿Dónde estabas Mercedes ‘? Por el amor de Dios, que susto nos has dado. La Madre Superiora está muy enfadada y te espera una reprimenda. Ya no podrás salir sola, siempre te acompañará alguna de las novicias.
Si te hubiera pasado algo, menudo disgusto le habrías dado a quienes hace cinco años te trajeron a este Hogar.
Anda mira, esta mojada, ¿y el bastón?
Lo perdí, fue cuando lo ví a Javier a mi Javier, de la sorpresa se me cayó y no lo pude levantar. ¡Está tan viejo!, pobre.
Claro – contestó la Hermana- por que tú estas hecha una piba.
Vamos Mercedes, tienes que arreglarte hoy cumples 85 años y abra torta y emparedados.
Despacito tomó la mano de la Hermana y se encaminó a su cuarto.
María Teresa Brugués
yayamaestra@hotmail.com
lunes, 19 de abril de 2010
La visita---Norberto I. Pannone
Había escuchado sus pasos, allí nomás, cerca de la puerta de calle. Reconoció aquel andar pausado, el sonido inconfundible de los tacos repiqueteando en las baldosas de la vereda. Era ella, había vuelto. No tuvo dudas. Tal vez ya no estaba tan lejos como se decía.
Aquel sonido, se repitió hasta detenerse justamente frente a la entrada.
El hombre abrió con ansiedad y el viento helado le golpeó el rostro agitando los pocos cabellos blancos que aún resistían.
No había nadie.
La calle estaba desierta. La brisa fantasmal empujaba algunos papeles abandonados por allí, como al descuido. Cerró la puerta.
¿Cómo podría haber oído tan nítidamente aquel inconfundible taconeo? Pensó que, quizá, su imaginación le había jugado una mala pasada.
Se acostó pero no pudo conciliar el sueño.
El amanecer lo encontró sentado con la mirada perdida en la nada de la evocación. Recuerdos de íntimos paisajes sin tiempo ni sol, sin lluvias, de noches absurdas, sin color de lunas.
La noche siguiente se repitió exactamente lo mismo. Y en la subsiguiente también. Dudó un poco. Hoy, los pasos sonaron con más intensidad que en las noches anteriores. Por un inexplicable sortilegio, parecían estar mucho más cerca. Pensó en no abrir. ¿Para qué lo haría? ¿Para volver a percibir el aullido de la calle desierta? No, esta vez no abriría.
Golpearon. Esto era distinto. Alguien llamaba. Esperó un momento… Los golpes en la puerta fueron más apasionados que en las ocasiones primeras.
Se decidió y la abrió.
Y allí estaba ella, con aquel abrigo azul que hacía juego con sus zapatos descoloridas. La miró con todo el amor de siempre.
“Vamos”, le dijo, y lo tomó de la mano.
Él se aferró a la ella y salieron para enfrentar el gélido céfiro del sur. La calle seguía desierta.
Ellos, ya no se detendrían. Los esperaba el venerable camino de la eternidad.
www.norbertopannone.com.ar
Aquel sonido, se repitió hasta detenerse justamente frente a la entrada.
El hombre abrió con ansiedad y el viento helado le golpeó el rostro agitando los pocos cabellos blancos que aún resistían.
No había nadie.
La calle estaba desierta. La brisa fantasmal empujaba algunos papeles abandonados por allí, como al descuido. Cerró la puerta.
¿Cómo podría haber oído tan nítidamente aquel inconfundible taconeo? Pensó que, quizá, su imaginación le había jugado una mala pasada.
Se acostó pero no pudo conciliar el sueño.
El amanecer lo encontró sentado con la mirada perdida en la nada de la evocación. Recuerdos de íntimos paisajes sin tiempo ni sol, sin lluvias, de noches absurdas, sin color de lunas.
La noche siguiente se repitió exactamente lo mismo. Y en la subsiguiente también. Dudó un poco. Hoy, los pasos sonaron con más intensidad que en las noches anteriores. Por un inexplicable sortilegio, parecían estar mucho más cerca. Pensó en no abrir. ¿Para qué lo haría? ¿Para volver a percibir el aullido de la calle desierta? No, esta vez no abriría.
Golpearon. Esto era distinto. Alguien llamaba. Esperó un momento… Los golpes en la puerta fueron más apasionados que en las ocasiones primeras.
Se decidió y la abrió.
Y allí estaba ella, con aquel abrigo azul que hacía juego con sus zapatos descoloridas. La miró con todo el amor de siempre.
“Vamos”, le dijo, y lo tomó de la mano.
Él se aferró a la ella y salieron para enfrentar el gélido céfiro del sur. La calle seguía desierta.
Ellos, ya no se detendrían. Los esperaba el venerable camino de la eternidad.
www.norbertopannone.com.ar
Secretos no revelados---Nélida Ojeda
La calle es un vaivén de múltiples figuras que avanzan y desaparecen y se cruzan con ritmo acelerado. Velocidades que calientan un asfalto envejecido. Papeles que atropellan al viento lo confunden con giros imprevistos que terminan al fin en una esquina. Luces imprecisas colgando entre los cables, que juegan a la mancha con la brisa que mueve proyectando sombras y arabescos multiformes. Luces que se encienden y apagan en cada esquina dando señales de alerta al distraído: es fuego, es verde y de pronto se torna amarillo.
La calle es el teatro de la vida, inmenso escenario del flujo y reflujo que da paso a la existencia. Tumulto, atropello, calzados que se mueven en dos piernas apuradas, un bastón que va cansino sosteniendo los años ya vividos.
La calle es la antesala de todas las viviendas, acopio de basura, testigo de gente que la arroja junto con la marca inconfundible de su ausencia de vergüenza; descarga maloliente de perros vagabundos o con dueños distraídos.
Llega la lluvia, y la calle llora lágrimas monolíticas, sin pañuelo, solitaria, silenciosa.
Vuelve el sol; bullicio, desconcierto, escenario donde actúan ideologías que se expresan, se enfrentan, represión, cortes que interrumpen el cruce de peatones y vehículos, uniformes escudados y el arma siempre lista.
La calles el teatro de la vida. Fiel testigo que escucha, que sabe y no habla, testimonia del crimen, de la muerte sin acceso al tribunal de la condena…
¡Hay… si hablara… qué explosión de verdades escondidas…!
Av. Díaz Vélez 4565
Ciudad autónoma de Buenos Aires.
La calle es el teatro de la vida, inmenso escenario del flujo y reflujo que da paso a la existencia. Tumulto, atropello, calzados que se mueven en dos piernas apuradas, un bastón que va cansino sosteniendo los años ya vividos.
La calle es la antesala de todas las viviendas, acopio de basura, testigo de gente que la arroja junto con la marca inconfundible de su ausencia de vergüenza; descarga maloliente de perros vagabundos o con dueños distraídos.
Llega la lluvia, y la calle llora lágrimas monolíticas, sin pañuelo, solitaria, silenciosa.
Vuelve el sol; bullicio, desconcierto, escenario donde actúan ideologías que se expresan, se enfrentan, represión, cortes que interrumpen el cruce de peatones y vehículos, uniformes escudados y el arma siempre lista.
La calles el teatro de la vida. Fiel testigo que escucha, que sabe y no habla, testimonia del crimen, de la muerte sin acceso al tribunal de la condena…
¡Hay… si hablara… qué explosión de verdades escondidas…!
Av. Díaz Vélez 4565
Ciudad autónoma de Buenos Aires.
Pentagoneando---Cayetano Ferrari
1-Busqué el amor en las arenas del desierto. En la forma perfecta de mi cuerpo resplandeciente como único lucero en el océano mórbido. En mis ojos electrizantes. En mis bailes sutiles como la araña insaciable. En mis palabras de arte poético.
El amor…lo descubrí en el andrajoso prisionero, en el rígido profeta. Lo descubrí en una cabeza inerme de ojos asombrados ante la Eternidad. Lo descubrí cuando besé la boca amarga de un Juan Bautista decapitado. (De “Las memorias de Salomé”.)
2-Un destino enceguecido cruza el semáforo de la autopista. Y la catarata de segundos enfurecidos apedrea sin pausa. El sol perpendicular licua el alquitrán. El rojo se ennegrece, es succionado. Queda un manchón inerme que encarcela pensamiento, palabra y amor. No hay lugar para el alma. Nadie frena, ni pregunta, ni grita.
Quizá servirá de referencia: “¿Ve aquel manchón rojo sucio sobre el asfalto?; bueno, gire a la derecha, desde ahí verá el cementerio.
3-Apareció el vaticinador. Advertía desde las esquinas, desde los bares, en las estaciones, en los templos, en los anfiteatros, desde los lupanares, de puerta en puerta: El que tenga mujer, actúe como si no la tuviera. El que tenga trabajo, desocúpese .El que vive angustiado, despreocúpese. El que vive alegre, entristézcase. El que se cree sabio, viva como ignorante. El avaro, arroje sus doblones por las alcantarillas. El pobre que se sienta revestido de belleza. El tiempo se acerca; queda muy poco. Permanezcan despojados y vigilantes.
Todo se oscureció. La noche creció en su desmesura; porque el Sol de ese planeta entró en terror. Retrogradó la órbita y quedó cautivo, quieto, sin salida, fijo. El que iluminaba debía oscurecerse, devenir agujero negro. Y se oscureció. Los astrónomos aseguran que será el último planeta en ser descubierto, aunque fue el primero, el más privilegiado en el tiempo inaugural. Se llamó Tierra.
4-¡Qué extraño mundo habrá sido? Las palabras hablaban y el hombre temeroso oía en silencio. Las palabras nombraban. Y en una aurora copos de nieve fueron diferenciándose tanto…Tanto que aparecieron infinitas formas: Las arenas, las cordilleras, los océanos, los ríos…los pájaros, los árboles, cuadrúpedos, cetáceos, estrellas, meteoros, planetas, agujeros negros, pulsares, quarkos…El hombre fijaba insomne en la memoria los nombres. Hasta que en cierto momento decidió imitar a las palabras. Con timidez, ansiedad.
Así el hombre aprendió a hablar y a usar y transformar lo creado por La Palabra. Cuando el hombre se empinó en las palabras, La Palabra descansó en el silencio.
5-Cuando la paupérrima región anunció al mundo que podía vender toneladas de material útil para la desintegración nuclear, la conmoción recorrió los centros de investigación atómica. Los más sensatos de la región explicaban así: “Nosotros no tenemos cementerios, ni nada que se les parezcan. Directamente incineramos a nuestros muertos de manera artesanal, no por maldad sino por miseria. Piense que nuestras locuras proceden de tener el estómago vacío y los celebros llenos de aire- como diría el ilustre Cervantes. Así fue siempre, durante siglos- por miseria- incineramos a los muertos. Y ese polvo desparramado por la región se transmutó en uranio enriquecido, naturalmente. ¿No creen en el amor más allá de la muerte, según Quevedo, en el polvo enamorado?”
cayetanoferrari@yahoo.com.ar
El amor…lo descubrí en el andrajoso prisionero, en el rígido profeta. Lo descubrí en una cabeza inerme de ojos asombrados ante la Eternidad. Lo descubrí cuando besé la boca amarga de un Juan Bautista decapitado. (De “Las memorias de Salomé”.)
2-Un destino enceguecido cruza el semáforo de la autopista. Y la catarata de segundos enfurecidos apedrea sin pausa. El sol perpendicular licua el alquitrán. El rojo se ennegrece, es succionado. Queda un manchón inerme que encarcela pensamiento, palabra y amor. No hay lugar para el alma. Nadie frena, ni pregunta, ni grita.
Quizá servirá de referencia: “¿Ve aquel manchón rojo sucio sobre el asfalto?; bueno, gire a la derecha, desde ahí verá el cementerio.
3-Apareció el vaticinador. Advertía desde las esquinas, desde los bares, en las estaciones, en los templos, en los anfiteatros, desde los lupanares, de puerta en puerta: El que tenga mujer, actúe como si no la tuviera. El que tenga trabajo, desocúpese .El que vive angustiado, despreocúpese. El que vive alegre, entristézcase. El que se cree sabio, viva como ignorante. El avaro, arroje sus doblones por las alcantarillas. El pobre que se sienta revestido de belleza. El tiempo se acerca; queda muy poco. Permanezcan despojados y vigilantes.
Todo se oscureció. La noche creció en su desmesura; porque el Sol de ese planeta entró en terror. Retrogradó la órbita y quedó cautivo, quieto, sin salida, fijo. El que iluminaba debía oscurecerse, devenir agujero negro. Y se oscureció. Los astrónomos aseguran que será el último planeta en ser descubierto, aunque fue el primero, el más privilegiado en el tiempo inaugural. Se llamó Tierra.
4-¡Qué extraño mundo habrá sido? Las palabras hablaban y el hombre temeroso oía en silencio. Las palabras nombraban. Y en una aurora copos de nieve fueron diferenciándose tanto…Tanto que aparecieron infinitas formas: Las arenas, las cordilleras, los océanos, los ríos…los pájaros, los árboles, cuadrúpedos, cetáceos, estrellas, meteoros, planetas, agujeros negros, pulsares, quarkos…El hombre fijaba insomne en la memoria los nombres. Hasta que en cierto momento decidió imitar a las palabras. Con timidez, ansiedad.
Así el hombre aprendió a hablar y a usar y transformar lo creado por La Palabra. Cuando el hombre se empinó en las palabras, La Palabra descansó en el silencio.
5-Cuando la paupérrima región anunció al mundo que podía vender toneladas de material útil para la desintegración nuclear, la conmoción recorrió los centros de investigación atómica. Los más sensatos de la región explicaban así: “Nosotros no tenemos cementerios, ni nada que se les parezcan. Directamente incineramos a nuestros muertos de manera artesanal, no por maldad sino por miseria. Piense que nuestras locuras proceden de tener el estómago vacío y los celebros llenos de aire- como diría el ilustre Cervantes. Así fue siempre, durante siglos- por miseria- incineramos a los muertos. Y ese polvo desparramado por la región se transmutó en uranio enriquecido, naturalmente. ¿No creen en el amor más allá de la muerte, según Quevedo, en el polvo enamorado?”
cayetanoferrari@yahoo.com.ar
domingo, 18 de abril de 2010
Viaje de egresados---Olga Levy
Paro un taxi. Subo, saludo y el chofer me contesta cordialmente. La comunicación surge con facilidad. El tema gira en torno de la violencia e inseguridad.
-Soy profesora y conozco el tema.
-¿Si, dónde trabaja?
Le contesto, y aclaro de mi relación con los adolescentes. Las dificultades por las que atraviesan. Las carencias-no sólo económicas-sino también afectivas.
-Sí, señora es cierto. La culpa no sólo es de ellos. Los padres tienen su buena cuota.
-Efectivamente. Los padres se preocupan, sin embargo, muchos no se ocupan.
-No es tan así…- me contesta el “tachero”.
Su voz agradable, y sus atinadas palabras me cautivaron.
-Señora, tengo 50 años, y sólo llegué hasta sexto grado (el séptimo actual). Tengo dos hijas adolescentes. Comparto con mi esposa los problemas de la juventud.
-Lo felicito, señor
Me relató una historia ejemplar. El “tachero” es el protagonista.
-Mariana, ¿cómo viajarán?
-En micro, papá.
-¿Por qué no en avión?
-Porque es más caro.
-Mariana, es poca la diferencia. Es mejor que viajen en avión. Pueden aprovechar más de dos días.
-¡No, papá! Todos queremos ir en micro.
-Bueno, está bien. Me gustaría charlar con los padres de los chicos. Algunos compañeros, si quieren, pueden participar de la reunión.
El padre de Mariana, los convocó para conversar acerca de las bondades del viaje en avión. Habló de la diferencia de pesos, frente a las ventajas. Les dijo que aprovecharían nueve días y nueve noches, el trayecto le llevaría más o menos tres horas. Los compañeros de Mariana se opusieron. Claramente se advirtió que pensaban en la “farra” del micro, en la fiesta muchas veces eclipsada por la bebida y el estruendo de los adolescentes. El “tachero” siguió con sus argumentos y finalmente sus palabras-persuasivas-convencieron a los padres de los chicos. Tras un silencio de aprobación, se alzó la voz del “tachero”:- Señores, hay disponible un pasaje para viajar a Bariloche. La empresa otorga uno por contingente. ¿Quién de ustedes quiere aprovecharlo?
Ante esta formulación, casi el 90% de los padres expresó que él sería el indicado para acompañarlos.
-Papá, ¿vos?
-Sí, Mariana. Si me aceptan, sí.
Dos o tres padres-bastante ofuscados-se opusieron. Imaginaron algún arreglo con la empresa aérea. El buen hombre se sintió mal. Rechazó el ofrecimiento de compartir el viaje. Un murmullo cercó a los padres. Todos opinaron. Finalmente, el voto fue unánime: el “tachero” fue elegido para que los acompañara. Y, él, que con sus palabras había convencido de las bondades del viaje aéreo, fue convencido y aceptó.
En el aeroparque J.Newbery estaban todos: los padres, los alumnos y los coordinadores que debían viajar. Pasaron la banda de seguridad y revisión sin problemas. De pronto, suena la “chicharra”. El aviso de algo que no podía pasar. Uno de los muchachos confesó que tenía una petaca de coñac.
-La llevo porque sufro mucho del frío.
-Está bien-dice el padre de Mariana-. Dámela, yo podré pasarla. Cuando lleguemos te doy el coñac.
El vuelo muy bueno. Sin inconvenientes. Llegamos a Bariloche a las 9.30. Nos trasladamos hasta el hotel. Los coordinadores que eran tres hicieron los trámites necesarios para ubicarnos en las habitaciones. Los cuartos reservados y dispuestos para hospedarnos. Quedamos en encontrarnos para almorzar juntos.
Se aprovecharon las horas de la tarde. Algunos descansaron, otros tomaron contacto con los espacios disponibles para disfrutar. Otros-cámara en mano-trataban de captar las maravillas del paisaje. Todo dispuesto. Las bondades climáticas exaltaban aún más el panorama.
Cenamos, todos eufóricos, porque después iban a una “disco”. Felices porque iban a bailar. Me acerqué y le dije que los acompañaría.
-¡Papá!-exclamó Mariana.
-Solamente los acompañó para conocer el lugar.
Uno de los coordinadores conversaba muy entusiasmado con Mariana. Me acerqué:
-Mirá, Fulano, Mariana es mi hija. Cuidado… y atención que las otras chicas son como si fueran mis hijas. Charlé un rato con él. Diversión sin excesos, disfrute sin posteriores amarguras.
Los dejé en la “disco”. Regresé al hotel seguro de que no habría problemas.
A los pocos días surgió un conflicto. Dos o tres alumnos mostraban una actitud extraña. Los observé y constaté que estaban medio “raros”. Investigué, quise saber qué pasaba. Sospeché de nuestro grupo. Charlé con algunos muchachos. Me confesaron que no sabían nada. Reflexioné, tenía una idea fija. Conversé con los coordinadores.
-Muchachos, ¿qué pasa,hay droga?
-¿Cómo? ¿Quién es usted?
Este coordinador-en todo momento-había demostrado su fastidio por mi presencia. Discutimos. Le manifesté mis buenas intenciones; yo los acompañaba porque había sido designado por todos los padres. Mi objetivo era protegerlos, actuar si era necesario y prudente en alguna situación adversa.
El coordinador comprendió mi palabras, me aseguró que ellos no estaban en la “cosa”. Eran de otro grupo. Dudé. ¿Querrían zafar? Medité; y mi espíritu tolerante resurgió. Acepté su explicación. Nos abrazamos. Sellamos una etapa de concordia.
Todos disfrutamos de Bariloche. El clima nos acompañaba en esta armoniosa etapa. Los día pasaron y nuestro regreso se aproximaba.
Buenos Aires, aeropuerto Jorge Newbery. ¡Qué sorpresa! Todos lo padres nos esperaban para demostrarnos la satisfacción de haberme elegido como compañero de viaje.
-Gracias, compartí buenos y malos momentos.
-¿Qué pasó?-preguntó uno de los padres.
-Nada. Está todo bien. La buena convivencia exige actitudes conciliadoras.
Nos despedimos cordialmente.
Llegamos a mi casa. Mariana, mi señora, mi hija menor y yo.
Suena el teléfono. Atiende mi señora.
-Es para vos.
Directivos de la empresa aérea querían conversar conmigo para felicitarme. Enterados de mi comportamiento, de mi espíritu solidario, querían agradecer mi firmeza y responsabilidad. Me obsequiarían una plaqueta en reconocimiento de mi conducta. Mariana y mi mujer llorando me abrazaron.
-Señora, le reitero, solamente cursé hasta sexto grado. He leído y leo mucho; además, aprendo de mis pasajeros. Lo bueno y lo malo. Es ida y vuelta.
Me quedé pensando en sus palabras. ¡Cuánta sensatez! Me demostró la base de la comunicación: “Feed back”, retroalimentación. Uno da y el otro recibe-recíprocamente. Las palabras, los gestos, actitudes, tonos, riqueza insoslayable que se acrecienta con la significación personal.
-Soy profesora y conozco el tema.
-¿Si, dónde trabaja?
Le contesto, y aclaro de mi relación con los adolescentes. Las dificultades por las que atraviesan. Las carencias-no sólo económicas-sino también afectivas.
-Sí, señora es cierto. La culpa no sólo es de ellos. Los padres tienen su buena cuota.
-Efectivamente. Los padres se preocupan, sin embargo, muchos no se ocupan.
-No es tan así…- me contesta el “tachero”.
Su voz agradable, y sus atinadas palabras me cautivaron.
-Señora, tengo 50 años, y sólo llegué hasta sexto grado (el séptimo actual). Tengo dos hijas adolescentes. Comparto con mi esposa los problemas de la juventud.
-Lo felicito, señor
Me relató una historia ejemplar. El “tachero” es el protagonista.
-Mariana, ¿cómo viajarán?
-En micro, papá.
-¿Por qué no en avión?
-Porque es más caro.
-Mariana, es poca la diferencia. Es mejor que viajen en avión. Pueden aprovechar más de dos días.
-¡No, papá! Todos queremos ir en micro.
-Bueno, está bien. Me gustaría charlar con los padres de los chicos. Algunos compañeros, si quieren, pueden participar de la reunión.
El padre de Mariana, los convocó para conversar acerca de las bondades del viaje en avión. Habló de la diferencia de pesos, frente a las ventajas. Les dijo que aprovecharían nueve días y nueve noches, el trayecto le llevaría más o menos tres horas. Los compañeros de Mariana se opusieron. Claramente se advirtió que pensaban en la “farra” del micro, en la fiesta muchas veces eclipsada por la bebida y el estruendo de los adolescentes. El “tachero” siguió con sus argumentos y finalmente sus palabras-persuasivas-convencieron a los padres de los chicos. Tras un silencio de aprobación, se alzó la voz del “tachero”:- Señores, hay disponible un pasaje para viajar a Bariloche. La empresa otorga uno por contingente. ¿Quién de ustedes quiere aprovecharlo?
Ante esta formulación, casi el 90% de los padres expresó que él sería el indicado para acompañarlos.
-Papá, ¿vos?
-Sí, Mariana. Si me aceptan, sí.
Dos o tres padres-bastante ofuscados-se opusieron. Imaginaron algún arreglo con la empresa aérea. El buen hombre se sintió mal. Rechazó el ofrecimiento de compartir el viaje. Un murmullo cercó a los padres. Todos opinaron. Finalmente, el voto fue unánime: el “tachero” fue elegido para que los acompañara. Y, él, que con sus palabras había convencido de las bondades del viaje aéreo, fue convencido y aceptó.
En el aeroparque J.Newbery estaban todos: los padres, los alumnos y los coordinadores que debían viajar. Pasaron la banda de seguridad y revisión sin problemas. De pronto, suena la “chicharra”. El aviso de algo que no podía pasar. Uno de los muchachos confesó que tenía una petaca de coñac.
-La llevo porque sufro mucho del frío.
-Está bien-dice el padre de Mariana-. Dámela, yo podré pasarla. Cuando lleguemos te doy el coñac.
El vuelo muy bueno. Sin inconvenientes. Llegamos a Bariloche a las 9.30. Nos trasladamos hasta el hotel. Los coordinadores que eran tres hicieron los trámites necesarios para ubicarnos en las habitaciones. Los cuartos reservados y dispuestos para hospedarnos. Quedamos en encontrarnos para almorzar juntos.
Se aprovecharon las horas de la tarde. Algunos descansaron, otros tomaron contacto con los espacios disponibles para disfrutar. Otros-cámara en mano-trataban de captar las maravillas del paisaje. Todo dispuesto. Las bondades climáticas exaltaban aún más el panorama.
Cenamos, todos eufóricos, porque después iban a una “disco”. Felices porque iban a bailar. Me acerqué y le dije que los acompañaría.
-¡Papá!-exclamó Mariana.
-Solamente los acompañó para conocer el lugar.
Uno de los coordinadores conversaba muy entusiasmado con Mariana. Me acerqué:
-Mirá, Fulano, Mariana es mi hija. Cuidado… y atención que las otras chicas son como si fueran mis hijas. Charlé un rato con él. Diversión sin excesos, disfrute sin posteriores amarguras.
Los dejé en la “disco”. Regresé al hotel seguro de que no habría problemas.
A los pocos días surgió un conflicto. Dos o tres alumnos mostraban una actitud extraña. Los observé y constaté que estaban medio “raros”. Investigué, quise saber qué pasaba. Sospeché de nuestro grupo. Charlé con algunos muchachos. Me confesaron que no sabían nada. Reflexioné, tenía una idea fija. Conversé con los coordinadores.
-Muchachos, ¿qué pasa,hay droga?
-¿Cómo? ¿Quién es usted?
Este coordinador-en todo momento-había demostrado su fastidio por mi presencia. Discutimos. Le manifesté mis buenas intenciones; yo los acompañaba porque había sido designado por todos los padres. Mi objetivo era protegerlos, actuar si era necesario y prudente en alguna situación adversa.
El coordinador comprendió mi palabras, me aseguró que ellos no estaban en la “cosa”. Eran de otro grupo. Dudé. ¿Querrían zafar? Medité; y mi espíritu tolerante resurgió. Acepté su explicación. Nos abrazamos. Sellamos una etapa de concordia.
Todos disfrutamos de Bariloche. El clima nos acompañaba en esta armoniosa etapa. Los día pasaron y nuestro regreso se aproximaba.
Buenos Aires, aeropuerto Jorge Newbery. ¡Qué sorpresa! Todos lo padres nos esperaban para demostrarnos la satisfacción de haberme elegido como compañero de viaje.
-Gracias, compartí buenos y malos momentos.
-¿Qué pasó?-preguntó uno de los padres.
-Nada. Está todo bien. La buena convivencia exige actitudes conciliadoras.
Nos despedimos cordialmente.
Llegamos a mi casa. Mariana, mi señora, mi hija menor y yo.
Suena el teléfono. Atiende mi señora.
-Es para vos.
Directivos de la empresa aérea querían conversar conmigo para felicitarme. Enterados de mi comportamiento, de mi espíritu solidario, querían agradecer mi firmeza y responsabilidad. Me obsequiarían una plaqueta en reconocimiento de mi conducta. Mariana y mi mujer llorando me abrazaron.
-Señora, le reitero, solamente cursé hasta sexto grado. He leído y leo mucho; además, aprendo de mis pasajeros. Lo bueno y lo malo. Es ida y vuelta.
Me quedé pensando en sus palabras. ¡Cuánta sensatez! Me demostró la base de la comunicación: “Feed back”, retroalimentación. Uno da y el otro recibe-recíprocamente. Las palabras, los gestos, actitudes, tonos, riqueza insoslayable que se acrecienta con la significación personal.
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