Emergen de las sombras
los viejos fantasmas
trayendo cenizas del pasado.
Quieren instalarse
en la diáfana tarde
del presente.
Agitan su figura para envolverme
en sus intenciones
de recorrer huellas que ayer transité
El murmullo de voces lejanas
quieren revivir las palabras
que estuvieron conmigo cada día
Es otoño y la imaginaria caída de los años
no interrumpe la música sin estridencia
que reina alrededor
Mis fuerzas quieren acompañar
a la mariposa tardía
que emprende el vuelo hacia el cosmos
La seguiré en la firmeza de vivir
aún a riesgo de arder
cuando yo acaricie el sol.
Poeta del amor. Hombre de la amistad. Estoico hasta el final. C.F.
viernes, 9 de agosto de 2013
LA CITA--VIVIANA WALCZAK
Seguirán las hojas otoñales esparciéndose en la
brisa, entre llantos y alegres risas.
Perpetuarán, en vano soporte, las cruces de los
cementerios al cruel delirio del viviente. Rotará el
saciado continente albergando las serviles
vanidades que, en lento peregrinar, algún día, junto
a sus amos, hacia insondables sitios, irreversibles,
partirán.
Se rendirán a las olas las blancas playas y con
densidad ociosa, se interpondrán las rocas, en inútil
intento, a la furia del mar. En tanto, mi gola
sedienta de paz, sin añoranza, del ilusorio
escenario, volitiva, faltará a la cita.
brisa, entre llantos y alegres risas.
Perpetuarán, en vano soporte, las cruces de los
cementerios al cruel delirio del viviente. Rotará el
saciado continente albergando las serviles
vanidades que, en lento peregrinar, algún día, junto
a sus amos, hacia insondables sitios, irreversibles,
partirán.
Se rendirán a las olas las blancas playas y con
densidad ociosa, se interpondrán las rocas, en inútil
intento, a la furia del mar. En tanto, mi gola
sedienta de paz, sin añoranza, del ilusorio
escenario, volitiva, faltará a la cita.
BERNARDO GONZÁLEZ ARRILI--OLGA M. LEVY
Amaba profundamente a su país, rincones y características de su tierra fueron descriptos notablemente, con
singularidad.
Lo rescatamos porque su estilo quedó tallado entre los más brillantes escritores. Y para convalidar la
inquebrantable autoría de sus escritos, evocamos con honor, orgullo y placer la valiosa personalidad de González Arrili.
Nos atrevemos a esbozar unas palabras acerca de la vida literaria y periodística de la polifacética figura.
Nació el 18 de octubre de 1892 -en San Telmo- y vivió en varias provincias del país. No traspasó las fronteras, era
un argentino impregnado de las más nobles tradiciones nacionales. Tuvo el privilegio de una vida longeva colmada de
talento y creatividad. Falleció el 31 de julio de 1987 -a los 94 años.
Un precioso y mordaz lenguaje acompaña la lucidez de sus artículos periodísticos, de sus novelas, y sus
profundos análisis identificados con las causas nobles de la realidad.
Su carácter periodístico abarcó diferentes y diversas temáticas del quehacer nacional, de acuerdo con el contexto
histórico, geográfico, social y político del país. Su luminosa mente -abierta a las vicisitudes de la patriano
se amilanaba ante los requerimientos de la época. Al contrario, su corazón se encendía, por lo tanto sus escritos
resultaban más vigorosos y atractivos.
Durante más de setenta años expresó sus inquietudes a través de su labor en la prensa. Hurgaba, investigaba y
escribía incansablemente. Los temas no se agotaban, eran creados y recreados por su estilo. El diario “La Prensa” tuvo la
suerte de contarlo entre los colaboradores más destacados -por más de veinte años.
Además participó activamente en “La Nación”, en diarios del interior y en muchísimas revistas.
Su espíritu inquisitivo, agudo y siempre sonriente, e inspirado con el fervor de los grandes maestros, expresaba
con alegría sus emociones de la cotidianidad, dando forma a su particular estilo. González Arrili decía: “ Si uno mira
bien, los diarios son un poco tristes. Así que he tratado que mis artículos de prédica tengan la posibilidad de un sonrisa.”
Ejerció como profesor durante tres décadas, su labor docente trascendió el ámbito de las escuelas y los liceos.
Era un maestro -vocación y sacerdocio- en las sulas, en el periodismo y en la literatura. Cuentos, novelas, biografías,
ensayos, libros de historia (52 libros publicados).
La vida lo acercó a distinguidos escritores: Vicente Blasco Ibáñez, Anatole France, Rubén Darío y muchos más.
Cultivó la amistad de Evaristo Carriego, de otros intelectuales y artistas bohemios; frecuentaba las tertulias de
los cafés literarios.
Fue precisamente Rubén Darío -el creador de “El Modernismo"- quien quedó impresionado por su estilo.
En 1911 le publicó en la revista “Mundial” -que dirigía en París- su primer artículo sobre la personalidad y la obra de
Carlos Guido Spano. Otros trabajos fueron publicados en la revista “Elegancia”. El espaldarazo de Rubén Darío le abrió
las puertas de “Caras y Caretas”, la más popular revista de la época, en la que colaboró hasta - prácticamente- su cierre.
González Arrili estuvo presente -no sólo en las letras sino también- allí donde había que actuar rápido y
eficazmente.
Niños enfermos amenazados por la epidemia de la poliomielitis, carencia de camas, de insumos... El Hospital de
Niños Ricardo Gutiérrez necesitaba la colaboración de todos, se encontraba en emergencia sanitaria.
Nuestro querido y recordado escritor, junto a su hijo Protasio - quien se desempeñaba como jefe de transmisiones
de radio “El Mundo” -y con el locutor Antonio Carrizo conversaron acerca de la escasez de cosas imprescindibles.
Pasaron avisos informando sobre la precariedad y premura del caso: renació la solidaridad. Las contribuciones -en
efectivo o bien en ropas- se acumulaban en rincones del hospital
La sala de redacciones de “La Prensa” fue de gran utilidad para esta contingencia, los colaboradores llegaban
hasta allí, también los institutos educativos y diversos centros culturales participaban en tan noble empresa. A través de
diferentes canales convergían aunándose para solucionar tal emprendimiento y concretar tan digna tarea.
Era importante actuar rápido y bien, repartir adecuadamente según las necesidades de cada uno. Finalmente,
luego de meditar cómo distribuir lo recibido, le encomendaron formar una comisión. Bernardo González Arrili fue
el fundador y primer presidente de la Cooperadora del Hospital de Niños.
La disposición y honestidad se reflejaba en todo su accionar y en su diáfana personalidad.
Su buen humor lo acompañó siempre, en todo el largo trayecto de su vida. Tal vez sabía “que el humor era la sal de
la vida, y de su vida.”
Apreciado, admirado y respetado por su conducta cívica, permanecerá entre nosotros a través de su pluma -su
delicada aunque punzante ironía- de sus libros y artículos periodísticos.
Algunos títulos: “Protasio Lucero”, "La ciudad reconquistada”, “La invasión de los herejes”, “ Andasolo”, "El pobre
afán de vivir”, Biografías de ilustres hombres, entre otros.
SINFONÍA OTOÑAL--JOAQUÍN MUÑOZ
Lentamente las sombras Van guardando la luz
Y la tibia tarde astral Nos brinda postrer caricia Un zorzal desgrana
su canto Saludando la tarde otoñal, que Ebria de ensueños y
melancolía De oro radiante, el horizonte Perfumada y suave la brisa
Arremolina hojas y recuerdos De un amor que partió Tranco idilio
que en mis labios Dejo por siempre el anhelo de beber El néctar de tus
besos encendidos De frescas rosas, su aroma, su color Dulces
recuerdos de aquel amor Que la noche piadosa cubrió
Con manto de silencios y olvido Que una viajera luna solitaria Cual
nocturnal y delicado orfebre Labra luminosa y radiante joya
Entramando hilos de plata con Suaves pétalos de jazmín, que Pinta
con sombras de la noche
Y luce cual diáfano cristal
La primera, y solitaria estrella
Y resuena gloriosa la serenata De una eterna sinfonía otoñal
Y la tibia tarde astral Nos brinda postrer caricia Un zorzal desgrana
su canto Saludando la tarde otoñal, que Ebria de ensueños y
melancolía De oro radiante, el horizonte Perfumada y suave la brisa
Arremolina hojas y recuerdos De un amor que partió Tranco idilio
que en mis labios Dejo por siempre el anhelo de beber El néctar de tus
besos encendidos De frescas rosas, su aroma, su color Dulces
recuerdos de aquel amor Que la noche piadosa cubrió
Con manto de silencios y olvido Que una viajera luna solitaria Cual
nocturnal y delicado orfebre Labra luminosa y radiante joya
Entramando hilos de plata con Suaves pétalos de jazmín, que Pinta
con sombras de la noche
Y luce cual diáfano cristal
La primera, y solitaria estrella
Y resuena gloriosa la serenata De una eterna sinfonía otoñal
PARSIFAL--SILVIA GATTO
Parsifal (1882) el Puro de Corazón,alberga el Ferviente anhelo de la Visión Divina . Es
este Deseo inconmensurable el que le impulsa a seguir . La posibilidad de encontrar el
Santo Grial y así, lograr la verdadera Paz y Liberación definitiva de su Alma , es lo que
anima su búsqueda .
El carácter de Parsifal no se arraiga en lo determinante de la Tonalidad , sino que se constituye a
partir de un Modo Melódico Gradual . Como Símbolo de la Divina Trinidad, los Tres Grados
Fundamentales^ en Ascendente Arpegio , inician cada Frase.
El Estremecimiento dirige la Intencionalidad del Canon Instrumental y el Silencio contiene en
íntima soledad la Meditación del Alma ante la Contemplación Beatífica.
El Coro no es la diversidad de la multitud , el Coro es , la única Voz de un Solo Individuo
Amplificado que Wagner sustenta como Principio Ideal en la solemne Procesión de su
Música. Dada la Extrema Concentración Temática , la densidad Compositiva de la Obra
sostiene la Estructura Armónica por Enlaces de Alta Complejidad Tonal .
Cromáticas Escalas que impulsan la Intensidad Discursiva encienden el Fulgor de una
Transparencia Sonora, en Comunión con el Motivo Religioso de Sublime Espiritualidad. Tal,
la denominación que asume Richard Wagner (1813 - 1883 ) para el Drama Musical de
PARSIFAL : FESTIVAL SAGRADO
este Deseo inconmensurable el que le impulsa a seguir . La posibilidad de encontrar el
Santo Grial y así, lograr la verdadera Paz y Liberación definitiva de su Alma , es lo que
anima su búsqueda .
El carácter de Parsifal no se arraiga en lo determinante de la Tonalidad , sino que se constituye a
partir de un Modo Melódico Gradual . Como Símbolo de la Divina Trinidad, los Tres Grados
Fundamentales^ en Ascendente Arpegio , inician cada Frase.
El Estremecimiento dirige la Intencionalidad del Canon Instrumental y el Silencio contiene en
íntima soledad la Meditación del Alma ante la Contemplación Beatífica.
El Coro no es la diversidad de la multitud , el Coro es , la única Voz de un Solo Individuo
Amplificado que Wagner sustenta como Principio Ideal en la solemne Procesión de su
Música. Dada la Extrema Concentración Temática , la densidad Compositiva de la Obra
sostiene la Estructura Armónica por Enlaces de Alta Complejidad Tonal .
Cromáticas Escalas que impulsan la Intensidad Discursiva encienden el Fulgor de una
Transparencia Sonora, en Comunión con el Motivo Religioso de Sublime Espiritualidad. Tal,
la denominación que asume Richard Wagner (1813 - 1883 ) para el Drama Musical de
PARSIFAL : FESTIVAL SAGRADO
IRIDIAGNOSIS- PABLO POST
A la memoria de Aristóbulo Echegaray
Mi amigo A.
andaba en cierto asunto no estrictamente profano del que nunca llegué a
enterarme por completo. Como me consideraba cientificista resolvió consultarme
al respecto. Unas líneas suyas, palabras más palabras menos, decían esto:
“Estimado C.: necesito una pulgarada (como diría algún antepasado galaico mío)
de dos polvos que por mero contacto den rojo. ¿Posible? Un apretón de manos.”
Antes del mensaje habíamos conversado del cuento de
Scalabrini Ortiz “Los polvos verdes”, en que un químico cura a una mujer por
sugestión. ¿El remedio? Dos sustancias pulverizadas de amarilla y azul,
respectivamente, deben mezclarse en la
oscuridad, en día y horas precisos. Sin duda, se obtiene polvo verde; pero la
mujer, analfabeta y solitaria, cuando abre la cajita de los polvos queda estupefacta
ante el cambio. El estímulo, que actúa benéficamente sobre su obsesión, provoca
un efecto inesperado.
En el pedido de mi amigo, claro está, hay un
obstáculo insalvable: el rojo –color primario- no pude obtenerse por mezcla de
otros colores. Claramente A. participaba de la elemental conclusión que si
vencíamos la imposibilidad, ésta obraría sobre el asunto de manera mágica,
aunque yo no conociera el sujeto de la experiencia.
Empiezo por investigar acerca de los colores.
Sabemos que la luz llamada blanca, la que nos ilumina, está formada por la
mezcla de los siete colores del arco iris. Un objeto es rojo, por ejemplo,
porque es la onda de luz coloreada de rojo que no absorbe; otro objeto es negro
porque absorbe todas las ondas luminosas que componen la luz; otro cuerpo es blanco porque no absorbe
ninguna onda luminosa y la combinación de todas – como digo más arriba- da
blanco. Sucintamente: cada objeto se viste del color que tiene porque son las
ondas luminosas que no absorbe. Esas
ondas solitarias o bien combinadas determinan el color.
¿Y los colorantes? El colorante –maravilla del
ingenio humano- es algo físico: concreto y extenso. Una precisa configuración
espacial otorga propiedades colorantes a
las sustancias. El colorante – valga la tosca comparación- es una suerte de
edificio cuyas dimensiones y posiciones deben armonizarse cuidadosamente. Por
otra parte, nuestro órgano de la visión está dotado para captar sólo un corto
segmento del vasto territorio lumínico
que es patrimonio del Sol. Que vemos apenas unas pocas parcelas lumínicas de
las muchas existentes. Hay territorios (ondas) más allá del rojo y del violeta
– los dos topes o extremos del espectro solar. El colorante, esa especie de
edificio, tiene por objeto disfrazar la monotonía del gris, captar las
distintas ondas coloreadas, fijarlas. Si me detengo en estos aspectos, algo
áridos, de los colores y de los colorantes
es para que se medite sobre la
necesidad de una acción revolucionaria,
a fin de modificar nuestros conceptos tradicionales. Ya sea sobre los edificios
moleculares, ya sea sobre los órganos de captación. Necesitaba volcarme al
estudio sistemático de los colorantes y al análisis completo de los mecanismos
del ojo.
Renuncio al ceniciento trabajo de analista
asalariado para dedicarme todo el tiempo a la investigación. Compre una buena
gama de colorantes en existencia. Improviso con dinero prestado un laboratorio
en el departamento donde vivo. Vendo muebles, disputo con mi familia, me aíslo
de los amigos. Me transformo en un novísimo doctor Griffit, el hombre invisible de Wells.
Un objeto es rojo –reitero- porque es la onda
coloreada que el objeto no absorbe. Este principio, al parecer inconmovible,
constituía mi punto de partida. Explico: Si en un edificio se pudiera colocar
el segundo piso en el décimo y hueco que resulta de tal quita comunicarlo con
la planta baja; si los ascensores en lugar de bajar y subir se deslizaran
laberínticamente; si en lugar de puertas hubiera algún oculto mecanismo que nos
llevara hasta la puerta del subterráneo más próximo; si los departamentos
fueran móviles y se pudiera meterlos uno
dentro del otro a manera de cajas mágicas; en fin, si todas las
fantasías y desmesuras fueran posibles, las personas razonables no aceptarían
vivir en semejantes engendros. Con los colorantes es posible el juego de las
desmesuras. Es posible el agrandamiento y la reducción; agregarles oxígeno
allí, o carbono y nitrógeno aquí, o bien volárselo; abrir huecos en la base o
en la cabeza de la molécula, jugar a las construcciones con hexágonos o
dodecaedros o ambos al mismo tiempo. En consonancia con tal libertad, practiqué
infinidad de combinaciones y de mixturas dentro de herméticos balones
transparentes y acodadas retortas. Uní, armé, destruí, recorté…pero no pude
lograr ningún colorante que refleje azul y amarillo para obtener rojo. Siempre
aparecía el tradicional verde. El rojo no aceptaba ser obtenido por mezcla
alguna, seguía siendo color primario.
Tras la infructuosa
primera etapa, me introduje resueltamente en la fisiología. Mi propósito
era el siguiente: Ampliar lo más posible la captación del segmento luminoso a través del ojo. Quería que pudiéramos advertir más
ondas luminosas, talvez colores ignorados. Que nuestra retina tuviera más
capacidad combinatoria: que en lugar de siete colores u ocho conquistáramos
todos los colores del espectro visible e invisible. Destruiría de tal manera la férrea
limitación de los colores clasificados
en primerias y secundarios y, por consiguiente al antiguo determinismo.
Compré
muchos gatos, perros y ratas de la India. Les estudié prolijamente la retina y,
en general, el órgano de la visión. Secciono músculos y membranas; introduzco
modificaciones dentro de los conductos y nervios; interrumpo circuitos naturales e inauguro otras
conexiones. El departamento laboratorio queda aatravesado de ladridos y
mayidos.
Resulto amonestado por la administración por causa
de dolor de las pobres bestias (aclaro que operaba con anestesia, pero los
posoperatorios no podía controlarlos a voluntad) además, los pestilentes olores
que escapaban de mi departamento habían soliviantado a los vecinos que me
llamaban la “Bestia del 2º A”, o algo por el estilo. Los `pocos animalitos que
conseguían huir de mi curiosidad científica –ciegos o tullidos- andaban
perdidos por el edificio de tal manera metamorfoseados que metían miedo y
angustia. Pero el rojo seguía invicto. El asunto, quizá, habría sido menos
subjetivo si hubiera podido experimentar sobre seres racionales. En tal
supuesto la descripción de lo vivido tendría inapreciable valor; pero, ¿dónde
adquirir seres humanos capaces de sacrificarse por mi sed experimental,
inducida por un amigo?
Frente a la montaña de colorantes y materiales de
laboratorio; el departamento laboratorio colmado de ratas, perros y gatos
(vivos, heridos, torturados y muertos) sin un solo peso, débil, hambriento y deprimido, me desmayé.
Dijeron que salía sangre por mis comisuras. Dejo que los detractores se
apoderen de mí.
Me han llevado a cierta casa salud en Merlo. Allí
pasaría una temporada rodeado de verde y delantales grises. Mi postración aseguran los enfermeros se cura
con mucho verde, algunos pinchazos…y torniquetes para calmarme.
Extensa carta escribo a mi amigo. Él había
despertado el estro en mi cabeza; él estimuló hasta el delirio mi amor por lo
imposible. Quería, tarde sin dudas, informarme debidamente del asunto que
principió todo esto. ¿Acaso recitar el origen de las cosas no ayuda a
olvidarlas? Ahora a mí se me da por la literatura y por las ciencias aleatorias.
Vino a visitarme. Me cuesta reconocerlo (observo que
él también mira como extraviado. Hasta dudo que fuera él. La voz grave,
impostada, que me seducía le había cambiado. La de ahora, metálica y distante,
me alejaba del amigo, metido en ropas muy holgadas y detrás de lentes
irregulares y negros, oye mis protestas. Murmura que él había dado por
terminado el asunto; que solo vino a verme por mi insistente carta. Había
orientado sus búsquedas por otros caminos. Prefirió –ante todo- el uso de las fuerzas extrasensoriales
desperdiciadas por el hombre positivista. Esos enormes campos magnéticos que
nos rodean y tanto influjo ejercen en silencio sobre el hombre. No creía en
sistemáticas búsquedas analíticas ni mecánicas ni químicas ni biológicas.
Cuando le pregunté porqué rechazaba las
ciencias, recitó dos principios que vienen desde muy lejos: “No debe esperarse
ningún conocimiento verdadero de las cosas sensibles: La escala de observación
crea el fenómeno. Corolario: Si pudiéramos ver más profundamente- ha dicho
Guye- veríamos el color como una sucesión de puntitos grises. El color no
existiría. Dentro de nuestra escala de
observación es imposible ver otra cosa diferente de la vemos. Creamos el
fenómeno. La ciencia de laboratorio no me interesa en absoluto.” Me deja su
último libro –supongo que autografiado- e impasible se despide de mí.
Durante el día un objeto es rojo porque es la onda
luminosa del mismo color que el cuerpo no absorbe, la rechaza…Lo medito, pero
cosmológicamente. Por las tardes, dentro del considerable verde que rodea la
casa, gusto de gambetear entre los pinos y los eucaliptos. Sigo en cuclillas el
itinerario interesado de alguna hormiga, o me quedo escondido entre las flores
hasta que anochece. Espío a la mamboretá artera dispuesta a deglutir la cabeza
del apasionado macho. Acepto estas presencias sin preguntar por qué están, ni
cómo son. La urbe tumultuosa e inútil de
los insectos al rededor de ese minúsculo rey sol de 100 vatios.
Es una tarde que promete terminar como tantas otras; aún quedan retazos de la
luz, antes que me sujeten al catre. Entre el verde surge una presencia nueva.
El pájaro raro que supongo desorientado o herido. Me acerco silenciosamente,
pero no tanto como los gatos: el pájaro no parece inmutarse por mi presencia.
Lo tomo de atrás, por las dos patas, y vuelve la cabeza hacia mí y compruebo su
rareza. Semejante a un búho: los ojos enormes, redondos como medallones de mar
azul y dentro del círculo dos manchas amarillas que relumbran. Imagino
cosmológicamente que de ese azul y de ese amarillo, tan puros, se obtendría un
espléndido verde mar. Tiene mirada inteligente. Tironea para desprenderse;
quiero retenerlo unos momentos más. Por Merlo son rarísimas esas especies,
diría que míticas. Mientras se agita ante mi curiosidad, me abismo en esos dos
escudos azules de núcleo amarillo. Quizá aprieto demasiado sus patas; lo cierto
es que oigo claramente un chirrido rotundo, como si algún hueso de vidrio
dentro del pájaro se hubiera quebrado. Veo que el amarillo del centro comienza
a difundirse dentro del azul de los ojos. Son finas estrías…hasta que se
incorporan del todo dentro del azul. Y surgen de improviso como condensaciones,
como burlas condenatorias, dos ascuas rojísimas que me enceguecen. El
“imposible” se suelta de mí. Voy gritando “vi el imposible…vi el imposible”
“¿Acaso no lo veo?”…
¿Hasta cuándo seguiré viendo todo entintado de
rojo?
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